
LUIS DE GÓNGORA Y ARGOTE
Nacido en Córdoba el 11 de julio de 1561. Hijo de Francisco de Argote, juez de bienes y corregidor en Madrid y de Doña Leonor de Góngora. Sus primeros estudios los cursó en su ciudad natal, pasando posteriormente a Salamanca donde estudió Derecho, Humanidades, Matemáticas e incluso, según afirman algunos, esgrima, cosa que no es de extrañar dado el vehemente carácter que siempre mostró.
A los 18 años gozaba como clérigo de corona de dos beneficios en
Cañete de las Torres y Guadalmazán. Ya licenciado, en 1585, obtuvo una ración en la Catedral de Córdoba. Como deseaba una buena colocación hacía frecuentes viajes a la corte, aunque su carácter le impedía obtener tales beneficios. Se cuenta que tuvo un altercado con su obispo que le acusaba de asistir rara vez al coro, y cuando acudía, rezar con poca devoción, concurrir a fiestas de toros y andar de día y de noche en “cosas ligeras”, tratando con representantes de comedias y escribiendo coplas profanas. Pero su amistad con personajes del lustre del duque de Lerma, el marqués de Siete Iglesias y el conde-duque de Olivares, le permitió adquirir una capellanía en honor del rey Felipe II. Aún así, incluso considerándolo un personaje de vivo ingenio y talento, nunca pudo vivir como Lope de Vega, de quien fue siempre un rival. En 1626 y con motivo de acompañar al monarca a una excursión por el reino aragonés, cayó enfermo, siendo asistido por los médicos de la reina, de cuya enfermedad perdió la memoria, retirándose a su tierra en donde falleció el 23 de mayo de 1627, víctima de un ataque de apoplejía.
Aunque sus obras se dividen en teatrales y poéticas son éstas últimas las que otorgaron a Góngora la inmortalidad, así como el hecho de haber sido el precursor de una moderna escuela que mereció el nombre de culteranismo por unos y de gongorismo por otros.
La poesía de Góngora constituye la culminación del anteriormente citado culteranismo barroco y buena parte de ella, de arte muy refinado y escrita “no para los muchos” ha sido objeto de intensa polémica ya desde su aparición.
Su obra, ha sido subestimada hasta que los poetas de la Generación del 27 la hicieron objeto de una nueva valoración, en particular, desde los estudios de Dámaso Alonso. En su afán de crear un mundo de belleza exquisita, el poeta cordobés recurre constantemente a la metáfora, al hipérbaton, a los neologismos, a la acumulación de cultismos tanto léxicos como sintácticos, a hipérboles, a constantes alusiones mitológicas, etc., todo lo cual contribuye a hacer su obra difícil y a veces incluso inaccesible. Todo esto, sin embargo, no es válido para toda su producción. Puede hablarse de dos estilos coexistentes: el popular y el aristocrático. Fruto del primero son, sobre todo, los poemas en metros cortos, romances, letrillas y numerosos sonetos, muchos de ellos de lo más acabado de la lírica española. Entre los poemas en metros cultos se encuentran los dos extensos poemas Soledades y la Fábula de Polifemo y Galatea.