El Teatro Mistérico en Grecia (I)
LA TRAGEDIA
Jorge Angel Livraga ©
INTRODUCCIÓN GENERAL AL TEATRO MISTÉRICO
"Allí, unas praderas inmortales, de bellos
colores, junto a un bosque sombrío, acogen
en sus brazos a coros de hermosas
doncellas que grita: ¡EUOI!"
Fragmento anónimo antiguo
Pedazos de papiros, trozos carbonizados de bastas telas de lino, cortezas batidas, vasos cerámicos o simples ostracones son los restos que han llegado hasta nosotros como testimonios de un mundo sumergido en el tiempo, alejado, que nos es subconcientemente familiar, pero que desconocemos.
Si podemos aceptar que el Tiempo y el Espacio son dimensiones, han de presentarnos cercanías y lejanías. Y la distancia temporal será en todo comparable a la espacial. Quienes plasmaron en grafismos y dibujos su interior y su entorno están lejos. Pero las fuerzas cósmicas que nos alejaron son las mismas que nos permiten precipitarnos otra vez, en inexorables órbitas, al encuentro de los lugares y los tiempos donde estuvimos.
Somos viajeros.
Y tras mucho peregrinar, enriquecidos y a la vez cubiertos de cicatrices de mil aventuras, marchamos al encuentro de lo que fuimos. Tenemos sed de nuevas cercanías, y nuestros ojos azorados buscan el horizonte mientras nuestros labios resecos murmuran... ¡VOLVEMOS A CASA!
El ciclo se cierra y debemos enfrentarnos con nuestra realidad íntima, a la vez esperada y temida. Alargando el paso, pletóricos de esperanza y de terror sagrado, somos conscientes de la necesidad de reencontrarnos con nosotros mismos. Para seguir viviendo. Para renovarnos. Para que el mundo vuelva a ser joven. Para que todos nosotros volvamos a ser niños.
Inmersos en este proceso, a la vez cotidiano y transcendente, presentamos lo que para muchos es mero polvo de los siglos; pero que para nosotros son semillas de un mundo nuevo y mejor, más natural, más divino y más humano.
Dentro de nuestra búsqueda filosófica vamos a detenernos a recoger una parte de nosotros mismos: el Teatro. Y, dentro del Teatro, el que llamamos Teatro Griego. A medida que nos acercamos con la humildad, el cansancio y la fe de los peregrinos, percibimos que de nuestro propio pasado sabemos muy poco. En parte por la escasez de las fuentes, y en otra mayor, porque no hemos querido conservarlo ni interpretarlo.
Se ha enseñado a nuestros jóvenes que el Teatro es sólo una ficción frente a la realidad, una copia más o menos deformada. ¡Falso! El Teatro es la Realidad sin las limitaciones del Espacio ni del Tiempo. Es creación humana tan solo en las formas. Su espíritu es metafísico y por ello lo denominamos Teatro Mistérico, pues proviene de los antiguos Misterios, como una popularización de los mismos. Más exactamente, el Teatro Griego surge, tal como floreció en el siglo V a.C., de los Misterios de Eleusis, cercanos geográfica y culturalmente a la ciudad de Atenas.
Siguiendo el esquema natural del Universo, que es uno y trino a la vez, el Teatro se dividió en Tragedia, Drama y Comedia. Como el significado de esta división estaba en relación con las "Cosas Secretas", tan sólo Aristóteles nos ha dejado una escueta explicación. A partir de ella y de fragmentos mucho más antiguos, podemos decir que Tragedia es la obra teatral en la cual el Destino y los Dioses priman y dirigen las acciones de los hombres. Estos están sujetos a una Ley -Diké- (que los hindúes llaman Karma) por la cual toda acción promueve reacciones equivalentes según una mecánica moral inexorable. Las acciones de los hombres se encauzan en la vías que la Naturaleza ha dispuesto para ellos, y la utilización de la libertad indiscriminada lleva al pecado de "exceso" en uno u otro sentido. Tanto hoy, como en la antigüedad, los lazos de sangre son muy estrechos y encierran elementos psicológicos y culturales que enmarcan a los individuos, éstos son víctimas de sus propias condiciones humanas en relación a la familia o grupo al cual pertenecen.
De esta forma de Teatro Mistérico se tratará en este primer libro; dejaremos para posteriores libros las que siguen.
El Drama se distingue por llevar al teatro las vicisitudes humanas en combinación con las de los dioses y con el Destino, pero no se dan situaciones límite que calen tan hondo en las leyes de la vida como para volver inexorables los acontecimientos. El dolor y el esfuerzo redimen más fácilmente. Según los comentaristas griegos y romanos de la época clásica, es el estadio común de la Humanidad civilizada, o sea, no barbárica. Si bien los griegos entendían por "bárbaro" todo lo que era extranjero, en este caso a acepción es la que tradicionalmente se emplea al hacer sinónimos la barbarie con la brutalidad, la incultura y la falta de control sobre los propios actos, emociones e ideas.
La Comedia, finalmente, era la forma más superficial, en donde el aspecto lúdico de la vida no se ve purificado ni atormentado por la filosofía ni la erudición. Los hombres nacen, viven y mueren de manera vulgar. Las situaciones se hacen risueñas y el ánimo liviano. Los Dioses, siempre presentes, se limitan a reirse de las torpezas de los hombres que se ridiculizan los unos a los otros. El Destino los guía, pero sin hacerse sentir, pues las acciones son pueriles y no amenazan seriamente el equilibrio de la Naturaleza ni el Ser de los mismos personajes.
En el Teatro Mistérico estas tres divisiones corresponderían, asimismo, a lo que Platón expresó como el Trino Logos, siendo la Tragedia la mansión de la Voluntad Divina, una forma de Cielo difícil pero tremendamente real. El Drama es la casa del Amor y el Conocimiento, de la experiencia propia de los hombres manifestados en un cuerpo de carne, pero sujetos a gozar y sufrir por causa de sus sentimientos y sus ideas. La Comedia es el mundo de las formas y de sus relaciones, sus sombras y sus brillos. Un engañoso mundo de espejos y resonancias por el que vagan desorientados, pero felices aún tras sus risas y sus lágrimas, los humanos que dan primacía a lo cotidiano y que carecen del sentido de lo transcendente.
El Teatro Mistérico es fundamentalmente pedagógico. A través de él, en cualquiera de sus géneros, se trata de enseñar algo y, especialmente en la Tragedia, de sobrecoger, asombrar y captar la atención del espectador de tal manera que deje de serlo, incluyéndose paulatinamente en la Obra como si fuese un actor más, o por lo menos un participante vivamente afectado por los acontecimientos.
Vamos a ponernos en contacto con un Teatro muy diferente al que, en las postrimerías del siglo XX, estamos acostumbrados. el Teatro Clásico tiene algo de místico y religioso. Su ideal es que el espectador salga de manera diferente a como entró. Es, de alguna manera, un Teatro Alquímico, pues procede a la transmutación a través de una operación mágica. La participación y el tiempo disponible del público se da por descontado. No se hace para agradar, y si agrada, ello es secundario en la intencionalidad del autor.
Desgraciadamente, el material que disponemos es pobre y fragmentado. Con la caída del Mundo Clásico, todas sus formas culturales fueron perseguidas y consideradas demoníacas. Los últimos restos importantes depositados en las bibliotecas reservadas de Constantinopla fueron saqueados o destruidos por los participantes de la cuarta cruzada, desviada por el fanatismo sectario de la lucha entre los mismo cristianos, que se odiaban entre sí más aún que a los islámicos. Tal vez fue en Constantinopla donde cayó el telón definitivo que nos ha separado de nuestros propios ancestros y forzado a reinventar un mundo artificial, sin raíces y contaminante.
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