miércoles, 14 de mayo de 2008        Asociación Cultural Nueva Acrópolis en Córdoba
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 ARTÍCULOS
  En esta sección incluimos articulos variados sobre arte, filosofía, poesía, ensayos, etc.


LA LUCENA JUDÍA

Autor: José Carlos Fernández ©

 

   Y CIERTAMENTE HOY HE SABIDO QUE EN MEDIO DE NOSOTROS ESTA EL SEÑOR(...)
Ved que brillan mis ojos y palpita el corazón- ¡oh Bondad!- y fluyen hacia el bien de mis Señor


Juda ha Leví ( Poesía en loor a Ibn Migash, de Lucena)

   Ciudad de los Poetas es el nombre que se dio, junto a Córdoba, a esta ciudad, la YUSSANA judía, de tan fértil huella espiritual en varias generaciones de estudiosos de filosofía. Es difícil, sin embargo, paseando entre sus callejas, a la luz del sol de un mediodía que se baña en la blancura de sus casas encaladas, percibir los ecos de estas generaciones, profundas. Difícil percibir cómo invocarían a Dios en nombres y números, en trazados geométricos y musicales oraciones musitadas. O en reguntas y respuestas. O en “fotografías” históricas, mil veces comentadas. En los estudios del Talmud, en definitiva, y en su corazón de diamante: la CABALA. Nos es más fácil, en la medianoche, en la quietud de su silencio, y haciendo uso como de una llave de nuestra imaginación que evoca las pasadas presencias. Como esa llave que llevaron consigo los judíos sefardíes al partir de España, con la esperanza de volver, ¡otra vez! a una tierra que identificaron con el paraíso. Llave traspasada en bendita herencia de generación en generación. Hay una anécdota que refiere cómo una judía norteamericana de origen sefardí vino hace pocos años a Toledo, buscando sus raíces, y consiguió hallar la casa de sus antepasados, todavía en pie. Cuál sería su sorpresa y alegría , cuando al introducir la vieja llave en la vieja puerta del edificio, esta se abrió, rechinando su oración de bienvenida. Hagámos uso de la vieja llave de la siempre nueva imaginación y penetremos en un secreto que paciente espera.Maimonides

   No poco se ha escrito sobre el origen de los judíos lucentinos. Próspero Villalba, en sus Anales de la muy ilustre y leal ciudad de Lucena escritos en 1765, no duda en afirmar que esta ciudad fue fundada por Nabucodonosor y los israelitas que le acompañaron a España. Isaac Ibn Gayat, el primer Rabino importante que tuvo Lucena, comentaba en la escuela rabínica a sus discípulos, que tras la destrucción del primer Templo de Jerusalem, llegarían a Sefarad dos familias de la casa de David, una de las cuales se asentaría en Sevilla y la otra en Lucena.

   Sí es importante saber que en la Edad Media, y desde los Omeyas, “toda la ciudad era de judíos”. Y el rey Abdallah de Granada consigna “que solamente la ciudad estaba habitada por judíos, aparte de la guarnición militar que enviaban los musulmanes”. Mal tratados los judíos por los visigodos y su cristianimso reinante, reciben como libertadores a los árabes Y Lucena crece, de ser una pequeña comunidad judía en el siglo VIII a ser una gran ciudad, que en el ámbito de lo cultural irradiaría por todo al- Andalus, -hasta el siglo XII-, excelentes gramáticos y médicos, filósofos y poetas, grandes talmudistas y estudiosos de la Ciencia sagrada, la Cábala, que trasmitió siempre de la boca al oído lo más profundo de sus enseñanzas.

   En 1148 la “Ciudad de los Judíos” fue invadida y arrasada por los almohades. Y el fuego de sus estudios y enseñanzas halló un nuevo altar en que arder: TOLEDO. Pero, como diría Mircea Elíade, siempre en una ciudad hallaremos lo profano, en el bullicio de sus calles, y lo sagrado, en el silencio y moderación de sus sabios. Si lo sagrado vivió en sus sinagogas y en sus centros de enseñanza, junto a las mismas; lo profano en la vida de la ciudad, que destacaría- herencia egipcia- en el comercio de la droguería y la perfumería, en el cultivo de viñedos , pilares de la economía lucentina, y también en el de esclavos, que dio triste fama a esta ciudad. Consideremos sagrado y profano sus repetidos viajes a Egipto, patria de las enseñanzas mistéricas, y un buen lugar para comerciar.

   Si, como dice Menendez Pidal, el Talmud es la patria ambulante del judío; una Escuela de estudios Talmúdicos es un corazón que bombea un sentido de identidad profundo: un ideal y una cultura que es la verdadera sangre de sus usos y costumbres. Y en el seno de estos estudios talmúdicos, pero trasmitidos de la boca al oído, las enseñanzas de la Cábala, lo secreto del Talmud, lo secreto de su Ley. Y es que escondido en claves numéricas y geométricas se despliega un paraíso de conocimientos vivos...peligrosos para quien no es lo suficientemente puro. El auge de los estudios talmúdicos se da en Lucena cuando los sabios de Sura se trasladan a al- Andalus. Sura había sido la más importate de las Escuelas de filosofía hebrea, pero sus sabios se dieron cuenta que no daba ya más de sí. Que el corazón de los discípulos era una tierra poco fértil ya para depositar en ella las semillas sagradas de la filosofía. Se arriesgaron los sabios y embarcaron hacia Sefarad. Tras un naufragio fueron apresados por el almirate de la armada cordobesa Ibn Rumalis, y conducidos por su jefe, el rabí Mosseh Ibn R. Hannoch a Córdoba para ser vendidos como esclavos en el zoco. Reconocido por los de su raza fueron comprados y remitidos. Así es como se injertó una vieja y sapientísima rama de la antigua sabiduría hebrea en un tronco más fuerte, joven y vital. Así se convirtió al- Andalus, en el corazón espiritual del judaísmo hasta la huida de Maimónides a Egipto. Primero en Córdoba durante los Omeyas, y luego en Lucena, la perla de Sefarad, cuando el califato se desmoronó en medio de luchas intestinas. Madre generosa, esta ciudad alimentó con sus ubres a sabios y buscadores. A cuantos en ella nacieron, vivieron y estudiaron. Pensemos, por ejemplo, en el poeta Ishaq ibn Leví ibn Mar Saul, en el filósofo Ishaq ibn Chicatella, en el sabio ibn Migash, o en la mística de Jehudá Leví. En Lucena vivió Maimónides y a Lucena vino desterrado Averroes- en el año 1184- acusado de corromper a la juventud con sus “enseñanzas sectáreas”.

   Ibn Gabirol, el Avicebrón de los escolásticos medievales se formó en esta academia como filósofo y poeta. La Cábala es el esqueleto de obras como La fuente de la vida, donde ordena toda la Naturaleza de acuerdo a los elementos y a los sephirots, esencias o categorías metafísicas hermanas de los Dioses Números de Pitágoras. Recordemos también a Ibn Yanah, que además de filósofo y gramático, fue uno de los médicos más importantes de la alta Edad Media. Como gramático- y recordando que por Gramática se entendía no “la ciencia del uso del lenguaje”, sino su esqueleto metafísico y racional- escribió el Sefer ha Dirduq (Libro de la Investigación Minuciosa) donde busca y halla las raíces de la lengua hebrea y establece los msteriosos lazos- místicos- que unen dichas raíces. Es el primer autor que elabora una Gramática hebrea propiamente dicha, y también un diccionario completo de la Biblia.

   A Isaac ibn Gayyat (1030- 1089), jefe o nashí de los judíos de la España Musulmana. Escribió “El Libro de la Lámpara”que es un comentario a la Mishna y a la Guémara. Un comentario al Eclesiastés. Centenares de poemas religiosos, didácticos, morales, panegíricos y elegíacos. Poemas que eran trasmitidos de boca en boca y aprendidos de memoria. Fue el verdadero continuador de las desaparecidas escuelas talmúdicas de Sura y Pumbedita.

   A Joseph ibn Saddik (1076- 1149): Juez de Córdoba, recordado por su Libro del Microcosmos, en que explica que el hombre, por su constitución de alma y cuerpo es un pequeño cosmos a imitación del gran Mundo. Dice que el que se conoce a sí mismo puede llegar a conocer el mundo y su creador. Según el dicho délfico: “Conócete a ti mismo” y el atribuido a Mahoma: “Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor”.

   A Al- Fasi: rabí de Lucena en 1089. Uno de los mejores talmudistas de todos los tiempos. El primer codificador del judaísmo, y quien abrió el camino a Maimónides. Como él, extrajo del Talmud las esencias morales que puedan convertirse en norma de conducta. Resumió y popularizó el Talmud babilónico. Auténtico guía espiritual de Lucena, atrajo a esta ciudad a los sabios hebreos más ilustres que habían sobrevivido a la invasión almorávide.
Joseph ibn Migash (1077- 1141): Fue discípulo predilecto de Al- Fasi. Le sucede como rabí de Lucena a los 26 años. Muchos objetaron su juventud para un cargo de tal responsabilidad, nada menos que guía espiritual de la ciudad. Pero pronto callaron los que le acusaban, ante la sabiduría, contundencia y precisión en las más difíciles preguntas. Y es que desde los doce años había estudiado día y noche con Al- Fasi. Fue rabino de Lucena durante 38 años y la fama de su sabiduría se extendió por toda España, Egipto y hasta Babilonia, y a cuanto país que albergase una comunidad hebrea y una escuela de estudios talmúdicos. De él dijo Maimónides que la erudición talmúdica y sus profundos conocimientos dejaban estupefactos a cuantos le oían. Se afirmó que “NO HUBO EN SU TIEMPO QUIEN LE IGUALARA”.

   Y el poeta Judá ha Leví, al ser nombrado rabí de Lucena le dedicó una poesía de la que extraemos los siguientes versos:
“Te ha levantado tu Dios para hacer vivir la Ley y su praxis, para hacerla admirable(...)
Te ha ungido para estar sobre el trono de nuestro rey, el Señor(...)
Se enorgullecen las gradas de la Torah, y está asentada la Gloria en ella, que no muere(...)
Tu eres su secreto y su edificio, a ti te ha elegido el Señor(...)
Por ti se alegran los mares, por ti gritan los montes de júbilo”

   Siempre la vida cultural y las enseñanzas talmúdicas se desarrollan en torno a la sinagoga. Pues la sinagoga no sólo es el lugar de culto, sino también el de enseñanza y donde se dicta justicia. Es templo, escuela y tribunal civil. Así debió ocurrir en Lucena: La academia y la sinagoga estarían dentro del mismo edificio. El Rabino Mayor auxiliado por los rabinos menores o cohein impartirían las lecciones del Talmud. Las actas litúrgicas se realizan en la sinagoga: se lee el Talmud y las lecturas proféticas- haftarab- se recitan himnos, teniendo preferencia los salmos atribuidos al profeta David. El modelo de academia rabínica es el de Babilonia. La gobierna el Gaón o presidente con el Ab-Bet-Din, presidente del tribunal, que le auxilia. De este último dependen los siete jefes de estudio o Reshe Kalla- Jefes de la Novia- y los tres compañeros, Haberim. Con estos diez últimos forma la junta de gobierno de la Academia. Luego están los 30 miembros que forman el equivalente al Pequeño Sanhedrín y, finalmente el equivalente al “Gran Sanhedrín, formado por cien expertos en la Ley. La estructura de la Academia es la misma, una continuación del Sanhedrín de Jerusalem, el último tribunal supremo que gobernó a los judíos cuando aún eran autónomos, en época romana. La Academia es la Novia: atrae, seduce, te cambia, y su amor te da alas. Es evidente que no se trata tan sólo de compartir conocimientos. Es mucho más. Así como Shakespeare decía que los sentidos del enamorado se hacen sutiles y penetrantes, y que la sangre del enamorado es la sangre del héroe, el estudiante- del latín studio- afán, esfuerzo –vive en el seno de la Novia en un mundoaparte que de nada se aparta, pues es el corazón de la realidad. Trata de entender el sentido metafísico de las enseñanzas del pentateuco, trata de penetrar estos símbolos y enigmas, que al decir de Maimónides dan la clave para leer el Gran Libro de la Naturaleza y más aún, la propia alma, una con el Alma del Mundo. Cómo no la van a llamar NOVIA si es allí donde encuentra su propia Alma. Porque uno encuentra el Alma cuando despierta al sentido de la vida, no cuando nace. Extraña Novia, sin duda, de la que nadie se siente celoso pero a quien con tanto celo se sirve. Esta es la imagen, no sólo de las Escuelas Talmúdicas, sino de cuantas Escuelas de Filosofía a la manera clásica conoce la historia, y de la que los platónicos, los pitagóricos, los estoicos, los aztecas del calmecac, los discípulos de Confucio etc,etc son una muestra minúscula.

   Triste es el fin de la Academia de Lucena, sigue el curso de cuanto nace, vive y muere; para volver a nacer y vivir otra vez. La desaparición del califato de Córdoba hizo que Lucena dependiese del rey Zani Zirí de Granada, estando sometido, pues, a los bereberes hasta que los almorávides tomaran Granada en el año 1090. Los taifas significarían paz y prosperidad para la comunidad judía de Lucena. Un sabio hebreo, Samuel ibn Nagrella, visir y jefe de ejército del rey de Granada Habbus, dotó a la ciudad de guarnición militar. Este sabio, gramático y poeta, conocedor de siete lenguas, calígrafo y compositor musical desempeñó el cargo de nasir, príncipe de los judíos. Su política fue vital para la supervivencia del judaísmo español. Pero en el año 1055 falleció en Córdoba y once años después los musulmanes se levantaron contra los judíos en Granada, y provocaron una gran matanza y robo de sus posesiones en el progromo de la noche del 30 de diciembre de 1066, en que murieron más de cuatro mil judíos. Los judíos supervivientes se refugiaron en Sevilla y Lucena.

   En 1142 los almohades, tribus bárbaras y feroces del desierto invadieron al- Andalus asesinando a judíos y mozárabes. En 1148 cayeron sobre Lucena y la aniquilaron, destruyeron las sinagogas y la academia talmúdica que había congregado a los sabios más excelsos del judaísmo. El caudillo almohade Abd-el Mumen había lanzado su ultimatum a la ciudad: “Vuestra religión ha cumplido 500 años y no sale de vosotros apóstol ni profeta alguno. Vuestro tributo no nos hace falta. Escoged pues, entre el islamismo o la muerte”. La reconquista cristiana llegó el 23 de Abril de 1240, con Don Rodrigo , arzobispo de Toledo al mando de tropas de Fernando III el Santo. Dos siglos después, otra vez el 23 de abril, de 1483 Diego de Fernández de Córdoba quebrantó el cerco impuesto por el rey Boabdil con poderoso ejército. En esta batalla, en la llanura que mira a la ciudad fue hecho preso el mismo Boabdil.
San Jorge estuvo presente-¡era su día! – en estas batallas. Y a San Jorge se consagró el escudo de la ciudad, que ostentaba al bravo caballero, en armas, y un lucero sobre un castillo en campo verde. Y así como el lucero de la mañana anuncia el sol, anuncia también al Dios que rige a la ciudad cuyo nombre original, AELIA es el del Sol, y el del Altísimo.

   El poeta Abrahan ib Ezra cantó la ruina de Lucena. Patéticos los versos que dice la muerte de esta ciudad:
“El llanto de mis ojos, como llanto de avestruz, es por la ciudad de Eliossana; libre de tachas, aparte allí moró la cautiva comunidad, sin cesar hasta cumplir la fecha de mil setenta años; pero vino su día, huyó de su gente y ella quedó como viuda, huérfana de Ley, sin Escritura, sellada la Misná, el Talmud estéril se tornó y todo su esplendor perdió...”

   Pero no debe el filósofo lamentarse por aquello que muere, pues vida y sabiduría, alma e idea siempre hallan nuevas formas en que habitar. Mair ibn Joseph, el último rabino de Lucena, impartió sus enseñanzas talmúdicas en Narbona, en el sur francés. Y ante el benévolo influjo del rey de Castilla Alfonso VIII, los sabios judíos se congregaron ahora en Toledo, convirtiéndose esta ciudad en antorcha donde prendió la sabiduría y mística de un pueblo que ha sido fiel a su tradición, aún en las situaciones más extremas.

Bibliografía:
1- Los judíos en Córdoba. Jesús Peláez del Rosal. Ediciones Almendro Córdoba, 3ª edición 1985
2- Diccionario Espasa Calpe
3- Wwwturlucena. Com- Delegación de turismo. Lucena