Hoy los ciudadanos del mundo pueden votar a través de internet cuáles son, a su juicio, las siete maravillas de nuestro tiempo; algunas de las obras arquitectónicas que pueden seleccionarse son, entre muchas otras, la Torre Eiffel, la Estatua de la Libertad, la Gran Muralla China o el Taj Mahal. La única representante española es la Alhambra de Granada. Las votaciones pueden realizarse a través de la web www.new7wonders.com.
Sin embargo la idea de las siete maravillas proviene del mundo helenístico, cuando diversos viajeros y escritores identificaron las que ellos consideraban las mayores obras artísticas y arquitectónicas existentes en su tiempo. Pero no existió siempre unanimidad y las que han quedado como las siete maravillas de forma definitiva no se codificaron hasta el Renacimiento; por ejemplo autores romanos incluían obras romanas como el Coliseo, los cristianos incluían entre las maravillas el Arca de Noé o el Templo de Salomón y en bastantes ocasiones no aparecía el Faro de Alejandría.
En lo que sí había acuerdo es en la fijación del número siete. El siete es un número con un gran contenido simbólico, el cual aparece en numerosos contextos: los siete sabios de Grecia, las siete colinas de Roma, los siete pecados capitales, los siete planetas, los siete colores del arcoiris. El siete representa la completura, la perfección, al resultar de la suma de lo terrestre representado en el número cuatro y de lo celeste representado en el número tres.
Pero veamos una a una las siete maravillas de los antiguos:
La Gran Pirámide de Giza era la más antigua ya entonces, pues se le imputa una antigüedad de unos cuatro mil quinientos años, atribuyéndose al faraón de la Cuarta Dinastía Keops. Es la más grande del centenar aproximado de pirámides con que cuenta Egipto y se le asigna una finalidad funeraria. La maravilla de las siete maravillas ofrece al viajero la contemplación de una imponente estructura geométrica de dimensiones colosales, bella en su simplicidad y perfección. Desde siempre el conjunto de Giza maravilló a los viajeros e incluso hoy su construcción sigue planteando discusiones entre los que la consideran un tema cerrado y los que piensan justo lo contrario. Es la única maravilla que perdura hasta nuestros días y de nuevo es candidata a pertenecer a este selecto grupo.
Los Jardines Colgantes se realizaron unos dos mil años después que las pirámides en la ciudad de Babilonia, en el actual Irak. En los siglos VI y VII antes de Cristo Babilonia vivía su último periodo de esplendor. Los jardines se habrían construido bajo mandato de Nabucodonosor, responsable de muchos otros edificios de la ciudad. Según Berosio, los jardines fueron construidos para la esposa de este rey, Amidis, en una historia que nos recuerda a la de Medina Azahara de Córdoba. Ella procedía de Media, un país montañoso, y sentía melancolía de su tierra; para alegrar su espíritu, Nabucodonosor mandó realizar esta montaña consistente en varias terrazas escalonadas en las que los jardines se descolgaban desde un nivel al siguiente. Flores, arroyos, árboles, pájaros en armonía con una admirable arquitectura alegraban la visión del visitante. Según las descripciones de algunos clásicos debía ser una obra impresionante, si bien otros como Herodoto no los menciona y tampoco aparecen mencionados en las fuentes babilonias; las evidencias arqueológicas de su existencia tampoco son concluyentes. Otros autores apuntan a Nínive como sede de los famosos jardines colgantes y a Senaquerib como su promotor.
El templo de Ártemis en Éfeso fue famoso en todo el mundo conocido durante siglos. El culto a los dioses era algo fundamental en las culturas antiguas. En Éfeso, ciudad de Asia menor, se adoraba a Ártemis, fundamentalmente como diosa de la fertilidad y la reproducción, semejante a la Astarté fenicia o la Cibeles frigia, más que como a la Diana cazadora y protectora de la naturaleza. El santuario de Ártemis se encontraba en una próspera región, que cruzaban viajeros y mercaderes de toda Asia Menor, siendo lugar de encuentro entre Oriente y Occidente. El templo se convirtió en atracción turística, visitado por mercaderes, reyes y viajeros, que pagaban tributo a Ártemis en forma de joyas u otros bienes. Su construcción comenzó bajo la iniciativa de Creso, rey de Lidia, en la segunda mitad del S. VI a.C. y duró unos 120 años. Fue la mayor construcción en mármol de su época. El templo debía ser una imponente construcción rectangular con una longitud superior a los 100 metros en su lado más largo. No menos de 127 columnas de 18 metros se elevaban desde la base hasta el tejado, dispuestas en dos filas alrededor de los cuatro lados del templo. El santuario se convirtió en un paradigma de la arquitectura antigua; se considera el modelo de templos como el Partenón de Atenas. Fue destruido en el S. III d.C. por los godos, comenzando a ser usado como cantera a partir de entonces.
La Estatua de Zeus fue construida en el siglo V a.C. para ocupar el lugar principal dentro del templo de Zeus en Olimpia. Olimpia se encontraba en la costa oeste de Grecia y era una ciudad consagrada al padre de los dioses, Zeus, y a los Juegos en los que cada cuatro años participaban los mejores atletas de las comunidades griegas, juegos que por entonces estaban en su momento cumbre. El templo de Zeus, dórico, se construyó bajo la dirección del arquitecto griego Libón. Las autoridades contrataron a Fidias para que realizara una estatua monumental de Zeus, el cual comenzó poco después de sus trabajos en el Partenón de Atenas. Según los escritores antiguos, la estatua representaba al dios Zeus, majestuoso, sentado en un trono, sosteniendo un cetro que culminaba en un águila en una mano y una estatua de la diosa Victoria en la otra; constaba de una estructura interna de madera que sustentaba la superficie exterior de oro y marfil. El trono también era de oro y marfil. Medía unos doce metros de altura, sobre lo cual comentaba Estrabón que si Zeus se pusiera en pie rompería el techo. En el S.IV, una vez prohibidos los cultos paganos, Olimpia sufrió el olvido y el expolio de sus obras: la estatua de Zeus fue llevada a Constantinopla siendo posteriormente destruida en un incendio.
El mausoleo de Halicarnaso era un edificio funerario dedicado al rey Mausolo, que había gobernado la ciudad estado de Halicarnaso desde el 377 hasta el 353 a.C. Su viuda Artemisia le consagró una tumba que aventajara a las demás en tamaño y magnificencia. Tal fue su fama que mausoleo se convirtió en sinónimo de tumba grande y suntuosa. Plinio el viejo lo describe como un imponente podio de piedra sobre el cual se levantaban 36 columnas de orden jónico que soportaban un tejado en forma de pirámide escalonada coronada por una colosal cuadriga de mármol con las estatuas del rey y la reina. En total contaba 45 m. de altura. Los mejores artistas de la época participaron en la realización de las numerosas esculturas y relieves que adornaban el mausoleo, obras todas ellas que serían admiradas con valor propio. En el siglo XIII un terremoto desmoronó parte de la estructura y posteriormente los Caballeros de San Juan emplearon como cantera lo que quedaba del mausoleo.
El coloso de Rodas representaba al dios Helios. El término coloso, que designaba de forma genérica a las estatuas, se aplicaría posteriormente sólo a estatuas de gran tamaño. El origen del coloso está en un conflicto de fines del S. IV a.C.; Rodas era aliada de Ptolomeo tras la muerte de Alejandro; por ello su rival Antígono envió a su hijo Demetrio Poliorcetes, "conquistador de ciudades," que puso sitio a Rodas atacando las murallas de la ciudad con un amplio conjunto de medios bélicos entre los que destacaba una torre de asalto de 45 metros de altura llamada Helepolis, “conquistadora de ciudades”. Rodas resistió el asedio valientemente y Demetrio abandonó la isla dejando allí aquella formidable estructura de asedio, la cual aportaba la idea y el medio para levantar el coloso, en conmemoración del triunfo obtenido por los rodios. Con el dinero del botín de guerra se construyó el coloso. La estatua tenía una altura de unos 32 m. El coloso se componía de planchas de bronce sobre un armazón de hierro. Plinio el viejo dice que pocos hombres podían abrazar su pulgar. Según Filón, el escultor Cares de Lindos construyó el coloso empezando por la base y trabajando hacia arriba durante doce años. Tan sólo 56 años después de ser erigida fue destruida por un seísmo (allí vio el pulgar Plinio). El rey Ptolomeo se ofreció a reconstruirlo pero un oráculo había advertido a los habitantes de Rodas que no debían hacerlo. Así y todo siguió siendo una atracción hasta el S. VII en que las incursiones árabes se llevaron las ruinas que quedaban del coloso sin dejar ni rastro.
El Faro de Alejandría es la más funcional de las maravillas y la última en incorporarse a la lista. El puerto de Alejandría era uno de los más dinámicos y cosmopolitas en el Mediterráneo del S. III a.C.. El proyecto lo comenzó Ptolomeo I Soter sobre el 290 d.C. y lo finalizó su hijo Ptolomeo II Filadelfo. Se levantaba en la isla de Pharos, de la cual toma el nombre. Se atribuye al arquitecto Sostratos. El faro estaba construido a tres niveles coronados en la parte superior por una cámara abierta en la que ardía un gran fuego cuya luz era reflejada por un espejo gigante. Arquímedes empleará sus famosos espejos para incendiar los barcos romanos enemigos, de modo que los conocimientos y tecnología eran posibles. Se le atribuyen más de cien metros de altura y una potencia de iluminación que llegaba hasta los 50 km. En la cima había una estatua de Zeus o de Poseidón. Fue destruido en terremotos sucesivos entre 1303 y 1326 y muchas piedras desaparecieron bajo el agua, donde hace poco han sido descubiertas bajo el puerto esfinges y estatuas que al parecer pertenecían a la decoración del faro.
¿Cuáles serán las siete maravillas de los modernos? ¿Se mantendrán éstas por mucho tiempo como la Gran Pirámide o desaparecerán en poco tiempo como el Coloso de Rodas?
Bibliografía
-Documento audiovisual: Los tesoros perdidos de la humanidad. Las siete maravillas del mundo. Océano multimedia.
-Página web: http://ce.eng.usf.edu/pharos/wonders/index.html