miércoles, 14 de mayo de 2008               Asociación Cultural Nueva Acrópolis en Córdoba                                    Actualización semanal  
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ACTIVIDADES


Visita cultural y anecdotario por las calles de Córdoba

    El pasado domingo día 15 del presente mes de octubre realizamos un paseo cultural por algunas calles y plazas de Córdoba. Iniciamos la ruta en la calle Conde de Torres Cabrera donde recordamos aquella asociación llamada “Caridad sin límites” que D. Ricardo Martel y Fernández de Córdoba, conde de Torres Cabrera creó a finales del siglo XIX, con el objetivo de “auxiliar al obrero cuando se hallase en difíciles circunstancias” y como consecuencia de esto “establecer lazos de unión entre él y la burguesía”. Algo evidentemente utópico pero más que loable.

    Continuamos por la Plaza de las Doblas escenario a mediados del siglo XIX y parte del XX, de las “quimeras” o peleas de gallos. D. José Cruz Gutiérrez nos describe este acontecimiento social que se celebraba los domingos y en el que se cruzaban importantes apuestas tanto entre los representantes de los galleros como entre el público en general. Estas “quimeras” tenían lugar entre el 1 de noviembre y el 24 de junio, fecha en la que los gallos entraban en la muda.

    Continuamos nuestro recorrido por la Plaza de Capuchinos, de la Intemperie o más popularmente del Cristo de los Faroles. Ricardo Molina la describió como “rectánguloCristo de los Faroles de cal y cielo” y Rafael de la Hoz dijo de ella “jamás en arquitectura se ha dicho más con menos”. Símbolo de silencio y soledad es lo más parecido al patio de un convento. Rememoramos al V.P. Fray Diego José de Cádiz uno de los misioneros y predicadores más notables de la época que en 1786 se hospedó en el convento de los PP. Capuchinos. D. Teodomiro Ramírez de Arellano en sus Paseos por Córdoba nos describe los sermones que Fray Diego hizo en nuestra ciudad fruto de los cuales fueron “muchas restituciones de objetos robados, reuniones de matrimonios desavenidos, casamientos que antes debieran realizarse y otra porción de muestras del efecto que su santa palabra había causado”. Asimismo y siguiendo también al mismo autor hicimos referencia a D. Francisco Carvajal, ilustre militar que encontrándose en una reyerta con otros alborotadores y viendo en peligro su vida, vino a suplicar al santo Cristo amparo, observando como al punto los perseguidores huían como por milagro. Por ello y durante muchos años se veía todas las noches a las dos de la madrugada a este personaje embozado en su capa que llegaba hasta la imagen del Cristo permaneciendo en oración durante algunos minutos, devoción que mantuvo mientras estuvo en Córdoba.

    De la cuesta del Bailío recordamos su antiguo nombre “Portillo de Corbacho” por mor de una cesión de terrenos concedida por Fernado III el Santo, conquistador de Córdoba en 1236, a uno de sus caballeros, llamado Bartolomé Corbacho (José Cruz Gutierrez).

    En la plaza del Cardenal Toledo recordamos que en ese solar se levantaba en tiempos el Convento de las Dueñas, uno de los edificios más grandes de Córdoba. Allí relatamos la leyenda del Pozo de los Diablos que D. Teodomiro Ramírez de Arellano nos relata en sus Paseos. Igualmente nos hicimos eco del lance que el caballero D. Juan Francisco Díaz de Morales tuvo con otro caballero a causa de la negativa de este último a devolverle a una Dama su guante.  La disputa terminó en duelo y el duelo terminó en muerte del ofensor, muerte que quedó impune por aquello de que el honor de una Dama estaba por encima de cualquier circunstancias. Eran otros tiempos. También mencionamos que en el Convento de Nuestra Señora de la Concepción, de Benitas y Bernardas Recoletas, más conocido como del Cister, una de las obras del célebre obispo de Córdoba, D. Marcelino Siuri, se encuentra la reliquia de la Santa Espina, “una de las mayores reliquias de la Cristiandad” (D. José Cruz Gutiérrez).

    Finalmente terminamos nuestro recorrido en la Plaza de la Corredera, que debe su aspecto actual al Corregidor Ronquillo Briceño. Siguiendo a Ricardo Molina imaginamos el aspecto de la plaza hacia 1600. Bajando por la Espartería encontramos a la altura del “Arco alto” un bache o depresión formado por las aguas llamado el Gollizno. En el lado occidental había una hilera de casas que hacían dos curvas, conocidas con el nombre de La Panza y El Codillo. Con ellas formaba rincón las llamadas Casas de Doña María Jacinta, que aún perviven. En el lado meridional y junto a ellas se alzaba la Cárcel Nueva, construida por orden del corregidor don Juan Gaitán de Ayala, en sustitución de la cárcel vieja de la calle Comedias, que más tarde se quiso transformar en corral o teatro. Seguía el Pósito (desaparecido a principios del siglo XIX). Estaba luego el Mesón de la Romana, uno de los principales de la plaza que se encontraba donde hoy está el Arco Bajo. El lado oriental se iniciaba con el Hospital e Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, que se extendía entre el Arco Bajo y la calleja del Toril. Entre esta calleja y el lado septentrional se alzaban varias viviendas particulares, una de las cuales era la casa del verdugo de la ciudad, por lo que se calificó el tramo como Rincón del Verdugo. Finalmente el lado septentrional hasta el Gollizno estaba constituido por unas treinta casas desiguales y sin alinear.

Plaza de la Corredera    La Plaza de la Corredera se considera el primer ejemplo de plaza mayor cerrada de ascendencia castellana y concepción barroca. En ella se celebraron batallas navales, corridas de toros, juegos populares, autos de fe y ejecuciones.

    El próximo día 3 de diciembre realizaremos otra visita por rincones vivos de nuestra ciudad, que si bien se apartan de los circuitos turísticos, guardan aún entre el ruido y la prisa de la Córdoba moderna, el sabor y el recuerdo de otro tiempo.