LOS
PERSONAJES
Hizo
remover con frecuencia las responsabilidades más importantes, desde
los gobernadores de provincia hasta los visires, para evitar el "apego
al cargo" y prevenir la corrupción. Toda la administración
estaba perfectamente jerarquizada. Un ejército de funcionarios trabajaba
tanto en la ciudad- al principio en el alcázar y luego en Medina Zahra-
como en las provincias. Los gobernadores civiles y militares de las provincias
son tambien funcionarios. Es el traspaso de un modelo de gobierno tribal,
sirio, a uno jerarquizado y de responsabilidades perfectamente definidas,
tipo abbasí:
El
chambelán ( hachib): Suple al príncipe en el ejercicio del
poder y es el jefe de la
administración
central. Es el equivalente del visir egipcio. Después de dos sucesivos
chambelanes , el mismo Abderrahmán asume sus funciones, desde el 932.
Ibn
Hayan nos describe sus funciones en el Muqtabis . Dirigen el ejército
contra los lugares rebeldes, nombran gobernadores fieles a an- Nasir, negocian
pactos de rendición con otros focos de alzados, dirigen los alfeizas
contra los cristianos, etc... El chambelán es designado entre los visires,
título de máxima dignidad del Estado- con un número de
6 y hasta 16 en los distintos años de su reinado. Suelen ser visires
los secretarios de Estado, los caídes y los favoritos del rey.
El
jefe de la cancillería califal, con dignidad y sueldo de visir. Es
un "secretario de estado" con atribuciones tan numerosas que en
955 Abderrahmán se decide a dividirlos en cuatro secretarías
distintas con cargo de visir. El primero examina la correspondencia de las
zonas fronterizas, marcas y plazas costeras. El segundo hace lo mismo con
las provincias. Un tercero vela por la ejecución de las decisiones
político- administrativas del emir y el último examina quejas
y reclamaciones.
El WALI ( gobernador) representa el poder del sultán en las provincias
y cubre las necesidades de la administración central. Ejerce el control
de la hacienda y del ejército. En las marcas fronterizas esta función
la cumple un jefe militar, el caíd de la marca.
El
soberano es el juez supremo de la comunidad de los creyentes. Abderrahmán
por ser califa ejerce la potestad absoluta tanto en lo religioso, como en
lo civil y lo militar. A la manera del faraón en Egipto es Jefe Supremo
del Ejército, Sumo Sacerdote y Jefe de la Administración y Juez
Supremo. Responsabilidades que Montesquieu separaría en su "Espíritu
de las Leyes", porque si no hay gobernantes de la talla moral adecuada,
tal acumulación de poder se convierte en maldición para los
pueblos.
Sin
embargo el soberano delega el ejercicio sumo de la justicia en el QADÍ
AL YAMAA, el juez supremo de Córdoba. En cada capital de provincia
existe, al menos, un cadí, nombrado directamente por el califa. No
reciben estipendio alguno por tan importante misión; deben ser puros
a la manera como describe Platón a los jueces en la República.
El cadí de Córdoba, además controla y administra los
bienes dedicados a obras piadosas. De él dependen el zabazoque que
ejerce funciones de policía e inspección de mercado, el sahib-
ash- shurta, encargado de la represión policial y ejecución
de condenas relacionadas con lo criminal; y el zalmedín, encargado
también de la policía en la ciudad. El aparato fiscal de Abderrahmán,
es calificado por el filósofo Ibn Hazm y el historiador Ibn Hayan,
de justo y legal. Los poetas, como Ibn Abdrabbihi irían aún
más lejos cuando de él afirman: "Prodigó bondades
que olvidadas eran, el arregló él mundo, que estaba arruinado".
Existen
dos tipos de impuestos, arraigados en su religión. El diezmo, que es
depositado en la Mezquita Aljama y lo administra el Cadí de Córdoba.
Todos deben pagarlo y el Estado es tan solo el administrador, pues el Corán
ya indica quienes son los beneficiarios de dichos impuestos.
El Estado, en cambio, es propietario del FACH. Consiste en los bienes inmuebles
que han pasado a ser de la comunidad mediante capitulación y son explotados
por sus antiguos dueños. Es depositado en el Alcázar, y más
tarde, en Medina Zahara.
Otros
impuestos voluntarios son, por ejemplo, los que eximen de las obligaciones
militares, etc...El califa se reserva los ingresos procedentes de multas varias,
derechos de acuñación de moneda, aduanas, etc...Goza, además,
a título personal, de las tierras confiscadas, repartidas por todo
el al- Ándalus. Todo esto implica un censo y un catastro actualizado.
Innúmeros tesoreros, inspectores y cajeros que contabilizan los ingresos
y los gastos del Estado... Recordemos las impresiones del viaje que Ibn
Hawkal realizó en al- Ándalus, en 948, donde cuenta :
"La
abundancia y la alegría dominan todos los aspectos de la vida, el goce
de los bienes y los medios de adquirir opulencia son comunes a grandes y a
pequeños, estos beneficios se extienden incluso a los obreros y artesanos,
gracias a las imposiciones ligeras, a la condición excelente del país
y a la riqueza del soberano, y porque este príncipe no hace sentir
la carga de los préstamos y de los censos".
Abderrahmán,
guerrero incansable organizó, casi sin interrupción una campaña
militar por año. Su ejército es, como en la República
de Platón, la columna vertebral del Estado. Lo fue para todos los gobernantes
de Córdoba. Una oficina militar, el diwan, controla todos los efectivos
del ejército. Aunque con un general en jefe, el mando supremo de la
campaña reside en el soberano. Los jefes superiores son el caid de
la flota y los caídes de las tres marcas fronterizas.
El
ejército recibe aportes de:
Los chundíes: descendientes de los árabes en la primera
inmigración tras la conquista. Es parte de la nobleza vieja de al-
Ándalus. Sirven en la guerra a cambio de concesiones territoriales.
Los baladíes: descendientes directos de conquistadores. Sirven
y reciben como los chundíes. Sometidos ambos a levas obligatorias.
Los almorávides: Voluntarios de fe norteafricanos
Los muttawia: voluntarios independientes.
Estos
cuatro no están inscritos en la oficina militar y su paga es una parte
del botín.
Los ahl al Tugur, los fronterizos, con obligación militar personalizada
y los hasán, soldados profesionales.
Estos
últimos fueron cada vez más sostén de los soberanos cordobeses.
Aumentaron la calidad militar del ejército, lo destribalizaron y dieron
independencia al soberano de las muchas veces descontenta rancia nobleza chundí
y baladí. Se les encargan las misiones más peligrosas o delicadas.
Son dueños exclusivos de fortalezas enteras y controlan a las tropas
no profesionales.
Sin
contar los efectivos en guarniciones permanentes, Abderrahmán podía
movilizar un ejército que oscilaría entre los 15.000 y los 25.000
hombres, basado fuertemente en los soldados profesionales hassán y
en la caballería.
Cada
gobernante se rodea de la corte que le es afín. Almas que el fuego
de su presencia llama a la actividad. Por más válido que fuese
el mejor de los reyes poco podría hacer si no puede extender la atmósfera
de su influencia. Nada distinto ocurre con Abderrahmán: aparece rodeado
tanto en lo político como en la esfera de lo privado de almas grandes
cuyos nombres sabemos pues están bien trazados en el bronce de la historia.
Poetas, filósofos, historiadores, místicos, científicos,
compiladores de cuanto haya escrito, victoriosos generales, jueces íntegros,
arquitectos y maestros de obras hacedores de antiguos conocimientos mágicos
y matemáticos son la corte apropiada para un rey "de los tiempos
de antaño" . Fijémonos en algunas de estas imágenes
que nos sonríen y quieren contarnos sus proezas en el Museo de la Historia.
El
poeta ibn Abd Rabbihi ( 860- 940), panegirista oficial de la dinastía
Omeya, que cambió el fuego de sus versos amorosos de juventud por los
de exhaltación de Abderrahmán y el ascetismo severo de sus últimos
años. En su extensa obra "el Collar Único", que conservamos
íntegra, recoge, alternando prosa y verso las tradiciones literarias
árabes, desde los orígenes preislámicos. Extensa enciclopedia
ordenada en 25 libros cada uno de los cuales lleva el título de una
piedra preciosa, de ahí el nombre de "Collar Único".
El contenido de estos veinticinco libros es bastante curioso : Sobre el gobierno,
sobre la generosidad; las embajadas, las delegaciones; cómo tratar
con reyes; saber religioso y normas de conducta; proverbios; sermones y reflexiones
ascéticas; condolencias y pésames; linajes y virtudes de los
beduinos árabes; su lengua; respuestas ingeniosas; arte oratorio; arte
epistolar; historias de los califas; personajes famosos, sobre todo ministros
y gobernadores; las "jornadas de los árabes"; el mérito
poético; métrica; música y canto; las mujeres; anécdotas
de avaros; naturaleza humana y animal; bebidas y alimentos; anécdotas
graciosas.
Es
también de interés el poema didáctico en loor a Abderrahmán
III, escrito en metro rachaz en que los dos hemistiquios riman entre sí,
de probable influencia sobre la épica castellana.
El
filósofo Abú Alí al- Qalí, que trae de
Bagdad nuevos vientos literarios y científicos con su Kitab al- Amalí
o "Libro de los Dictados". Invitado en el 939, al parecer,
por el príncipe Al- Hákam, hijo deAbderrahmán, trajo
de Bagdad su enorme biblioteca personal; dictó de memoria numerosas
obras orientales, o las glosó. Recibió todos los honores por
parte del califa, que le encargó un léxico completo del árabe
clásico al- Bari, en el que trabajó 16 años.
Chafar,
el Esclavo: Abderrahmán recibió en su corte gran número
de esclavos muy jóvenes a los que libertó y educó de
un modo selecto, haciendo de ellos fieles y eficacísimos servidores.
Adoptan el nombre del soberano- él los trata como a hijos- y se convierten
en piezas claves de su administración. Generales al mando de sus ejércitos,
íntimos en sus dependencias reales o maestros de obras. Este es el
caso de Chafar, cuyo nombre aparece escrito como fata del califa cordobés
encargado de la conclusión de las obras del llamado "Gran Salón
de Abderrahmán III" y que sabemos que dejó a su muerte
una gran fortuna. Es también el caso de los esclavos cortesanos Nachda,
a quien encomienda la jefatura de la caballería y llega a ser caíd
del ejército y jefe de policía. O Galib, gobernador de la Marca
Superior, con Medinacelli como base de operaciones y más tarde jefe
de la escuadra omeya contra las costas africanas. Yerno de Almanzor varias
décadas después, su final sería infausto. Traiciona a
este invicto y gran devastador de la cristiandad. Pero fue perseguido hasta
la muerte por Almanzor.
Mundhir
ibn Saíd al- Balluti: Juez de Córdoba, hombre de la máxima
confianza del califa durante los últimos diez años de su reinado.
De rectitud e integridad tal que se enfrenta una y otra vez con los excesivos
dispendios de las construcciones de Medina Zahra. Y el califa le escucha y
admite sus críticas. Es conocida la anécdota en que le reprocha
el uso de tejas de oro y plata en las edificaciones de su Ciudad que acabó
sustituyendo por tejas más normales. Ejerció como literato,
hombre de ciencia, gramático, filólogo, poeta, tradicionalista
y alfaquí. Se conoce su "Libro de las Normas del Corán"
y "Libro del aín", recopilación del oriental al- Jalil
ibn Ahmad, el fundador de la gramática árabe.
No
sólo porque la sangre cristiana corriese por las venas de Abderrahmán;
esa sangre, que según cuenta la leyenda, cuando la daba a sangrar a
su médico personal, un pájaro cantó "ten cuidado
al derramar esta sangre, que es la más noble del universo", sino
por su espíritu y política de tolerancia, no hubo enfrentamientos
en su Córdoba entre cristianos ( mozárabes), judíos y
musulmanes. De hecho, dos de los personajes más ilustres de la corte
de Abderrahmán son Recemundo, cristiano y Hasday ibn Shaprut, consejero
y médico del califa.
Recemundo:
Filósofo y astrólogo. Embajador de an- Nasir ante la corte de
Otón I entre los años 950 y 956. Acabó desempeñando
el obispado de Iliberis en el año 158 y fue muy apreciado también
por el califa al-Hákam. Escribe un libro astronómico, a manera
de calendario agrícola y médico, que se conoce en latín
ya desde el 961. Esta obra es probable que tenga relación con el libro
"Arquitectura de los Nabateos", obra de antigüedad indefinida6
muy conocida por los eruditos árabes y donde en el lenguaje de la agricultura
eran expuestos los misterios cosmogónicos y astrológicos de
los nabateos.
Hasday
ibn Shaprut: Sabio y políglota judío, tesorero, consejero
y médico personal del califa. Nasí- jefe- de la comunidad hebrea
de Córdoba. Dio auge a los estudios sobre el Talmud entre los judíos
andalusíes. Mecenó a sabios y poetas que descollaron en su comunidad.
Tradujo gran número de obras médicas clásicas, para lo
que le fue muy útil su dominio de lengua hebrea, árabe, latina,
griega y romances. Tradujo "De Materia Médica" de Dioscórides,
regalo de la corte de Constantinopla. Actuó de embajador de an- Nasir
ante Bizancio y ante la reina Toda de Navarra, que quería hacer valer
sus derechos al trono de León de su nieto Sancho I el Gordo, a quien
curó en lo que podría llamarse la primera cura de adelgazamiento
de la historia islámica.
Pero
no son sólo almas grandes las que le auxiliaban en las funciones de
gobierno; sino también las de su entorno personal. De su harém,
que según Ibn Idhari era de más de 6300 mujeres, destacaba Fátima,
tía de Abderrahmán y a quien Ibn Hayan llama "la única
libre de todas sus mujeres". Y Marchán, "la Gran Señora",
cristiana, madre de al- Hákam y preferida de Abderrahmán hasta
su muerte, y que destacó, según Ibn Hayán, "por
la solidez de carácter y privilegiada circunspección, por inteligencia,
perspicacia, buenas maneras, dulzura, hermosura física, donosura de
palabra, gracia en los gestos y gallardía física en mayor medida
que ninguna mujer, lo cual envidiaban sus compañeras". Y Aixa,
doncella cordobesa, de quien dice Ibn Hayán que fue la más erudita
de su siglo; Mozua, cantora, poetisa y secretaria del califa. Sofía,
erudita y docta poetisa, etc...
La
cultura floreció como un jardín de piedras preciosas. En la
monumental enciclopedia de Espasa Calpe se explica de nuestro califa: "El
estudio de las ciencias y el cultivo de las letras fueron protegidas de tal
modo por Abderrahmán III que en tiempo de éste llegó
a ser el imperio arábigo- hispano el emporio de la cultura. La poesía,
la arquitectura, la historia, la geografía, las ciencias naturales,
la medicina ( de la que entonces se creó en Córdoba la primera
Academia que hubo en Europa), todas las ramas de los conocimientos artísticos
y literarios, prosperaron en alto grado. El mismo Abderrahmán era hombre
de erudición poco común y
poeta; sus hijos eran todos poetas, historiadores o filósofos (...)
y el palacio de Meruán era, como dice Lafuente, más que palacio
de un príncipe una academia continua en que se cultivaban todas las
ramas del saber por entonces conocidas.
Tal
fue al- Andalus, tal fue la ciudad y la corte del califa Abderrahmán
al Nasir, el de ojos azules y roja mirada, el osado- que le llamó Ibn
Hazm; el que convirtió a Córdoba durante su reinado en la capital
cultural del mundo islámico, y en la ciudad más floreciente
del orbe. Hijo fiel de aquella divinidad a quien Ibn Arabí llamara
"el Señor del Poder". Rey, servidor el mismo del Rey del
Mundo.
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