Francia, encuentro con la cultura
Autor: Jose Carlos Fernández©
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La última semana de Agosto, un grupo de miembros de la Asociación Cultural Nueva Acrópolis en Córdoba viajaron a la Bella Francia. Desde las llanuras sin fin de bosques y landas del sur, hasta la ciudad que fue corazón de Europa durante varios siglos, París. Días largos, muy largos, preñados de experiencias, de cultura viva. La cultura no debe ser un barniz, sino llamear en el alma: sólo así se convierte en algo más que un objeto de consumo. Se convierte en un motor que impulsa, en una llave de vida. No es la cultura, sino el espíritu de la misma quien una y otra vez ha movido la rueda de la Historia.
La palabra “cultura” significa “cultivo” y es que se trata de los cultivos del alma y no de una acumulación de datos históricos, artísticos, literarios.
En Burdeos vimos la catedral, edificada, como tantas, sobre un templo romano. Y no nos fue difícil reconocer, con Goethe, que la verdadera arquitectura es música congelada, un ritmo que hace vibrar silenciosamente la piedra y las almas. Y la Torre de San Miguel, imponente, desafiante...
Camino de Orleans visitamos el monasterio que guarda las reliquias de San Benito, en Saint Benoit sur Loire. Allí están en un cofre de hierro. En el silencio tenso de la cripta donde “titilan” las ofrendas de fuego, consumiendo la cera y donde las oraciones musitadas y perpetuas de monjes nos sumergen en el hálito de otra “vida”...también nosotros pudimos recordar la obra de este noble romano que construyó un puente para atravesar la negrura de siglos de barbarie.
Siguiendo las riberas del Loire nos detuvimos en los castillos de Sully y de Chambord, verdaderos colosos de piedra. Morada el último del rey Francisco I y de sueños e ideales compartidos con el genial Leonardo da Vinci. Visitamos, cómo no hacerlo, en Amboise, la residencia privada de los últimos años de este sabio Florentino, hoy casa museo y parque recreativo donde se ha dado vida a los inventos de Leonardo. Es paseando por estos jardines y deteniéndonos en estas “máquinas” que comprendimos hasta qué punto ha modificado el genio de Leonardo la faz de estos últimos siglos: la bicicleta, el flotador, el paracaídas, el submarino, el automóvil-faltaba sólo, el motor de explosión- y tantos y tantos descubrimientos en la memoria futura de la naturaleza y que han bendecido a la Humanidad.
De noche, en Orleans, evocamos la memoria de Juana de Arco, ante su estatua.
En Chartres la Catedral y su laberinto, cuyo corazón y fin es una flor de resurrección. Visitamos la cripta que es ciertamente una catedral subterránea; y en ella el pozo, antiquísimo, donde los druidas en sus ritos evocaban a la Gran Madre y al Divino Aliento, bajo la mirada vigilante de los mil ojos de la noche.

Y París...¡qué difícil es hablar de París en unas breves líneas! Monumental el Museo del Louvre, donde nos detuvimos, demasiado, en las salas y más salas de Egipto y Mesopotamia. La Victoria de Samotracia y la Venus de Milo, símbolos en piedra de la exaltación del alma y la embriaguez del amor, también sonrieron nuestra andadura. El Museo Guimet de Arte Oriental dio vida al viejo sueño de estar presentes ante las ruinas de Angkor, de la China Milenaria, del Tíbet mágico...
La Tumba del Emperador Napoleón, la visita al barrio latino, los murmullos del Sena y sus brisas, perfumadas para el alma...
El retorno fue triste, porque es triste la despedida de lo bello; y alegre, porque es alegre volver a España, volver a Córdoba.
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es un poco interesante porque no quedo satisfecho elm chulon ja ja ja
Enviado por:
kevin chulon
- 15/5/2007 |
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