viernes, 25 de julio de 2008               Asociación Cultural Nueva Acrópolis en Córdoba                                    Actualización semanal  
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En esta sección incluimos artículos sobre las visitas culturales que los socios y amigos de la Asociación Cultural Nueva Acrópolis en Córdoba venimos realizando desde hace años.


Las ruinas de Munigua

Autor: José Carlos Fernández©

Comentarios a este artículo


    E
nclavado en las estribaciones sur de Sierra Morena, los lugareños, de Villanueva del Río y Minas la conocen como Castillo de Mulva. Su acceso, bien establecido ya y que se ha convertido en una ruta de senderismo, es a veces, sin embargo confuso, pues faltan las indispensables señales de localización y es fácil perderse entre suaves colinas de vegetación profusa. La presencia, muy, muy cercana de vacas y toros puede incluso convertir el paseo en aventura iniciática o por lo menos, en prueba de paso. Los pastos para el ganado, de una verdura en mayo que arranca a la tierra fulgores de esmeralda; el cielo, de un azul tan puro que recuerda a los zafiros- de noche- y a las aguamarinas; las irisaciones, tímidas y gozosas de mil flores de un día; son aquí el don natural y alegre de la primavera. ¡Ah, es Andalucía!, y ya dijo el poeta ¡Andalucía para vivir! Ciudad romana de Munigua

    La ciudad duerme su sueño de piedra y silencio. Recuerda, porque sólo se recuerda lo vívido y vivido, sus lejanías tartéssicas e íberas. Recuerda el vigor de Roma y cómo Augusto la vinculó a la Ciudad Eterna a través de un contrato de patronazgo. Es una tessera de hospitalidad , que pactaron los munigüenses con dicho emperador a través del cuestor Sexto Curvio Silvino y gracias al cual conocemos el nombre de esta ciudad.

    Una de las sorpresas de esta ciudad para el arqueólogo y una de las maravillas para los que aquí se acercan es el sistema de terrazas, que divide en tres partes la ciudad. Arriba la Acrópolis y santuario, sin precedentes en las provincias romanas y que corresponde -dicen los arqueólogos- al último tercio del siglo I. En el medio los edificios civiles, el foro y la basílicas, para el interés común, la "res pública"; allí están el comercio, lo legal, el encuentro del hombre y la mujer con sus semejantes en el quehacer cotidiano. Y por fin, más abajo, lo privado y popular, las casas que dan descanso a la diaria actividad. Al santuario conducen unas escaleras en mármol que en su diseño nos hacen pensar en los palacios de babilonia .Un templete a Hermes, antes del acceso a la ciudadela sagrada, recibiría las ofrendas de los viajeros, que habían llegado seguros a esta ciudad, ahora en ruinas. No están ya los dioses en los templos y el canto de la piedra es de melancolía; y los que conducen aquí, sus pasos, su mirada y afán no entienden ya el vivir y afán de estas gentes de esta ciudad que ahora sueña. Munigua obtuvo un cambio de rango jurídico con Vespasiano, y quizá de aquí al auge constructivo del ahora Municipio Flavio Munigüense. Esta ciudad minera y este santuario hallan su periodo más floreciente en el siglo II d. C. para languidecer en el IV. Un terremoto, probablemente, en este siglo fue el rugido de una tierra que se queja porque ahora sí siente el peso de las pisadas de hombres y mujeres, que han perdido su gentileza y los ritos ancestrales que ligaban al hombre a su ciudad, a su pasado y a su tierra.

    Los arqueólogos han hallado multitud de escorias de hierro, recuerdos de su actividad minera, y es que el hierro, negro y rojo es uno de los frutos pétreos de la antigua Iberia, atanor de metales y hombres. La tierra exuda hierro y rojas tinturas de óxido en estos horizontes de Hesperia que los griegos y romanos consagraron a Marte y a Plutón, dioses de la guerra y las profundidades; y los griegos, y también los romanos a Hércules, héroe civilizador por excelencia. Ruinas de la ciudad romana de Munigua

    La ciudad fue abandonada en el siglo VI, y Mulva se sumergió en el olvido y el sueño, sueño fugazmente quebrado por un tiempo muy breve de ocupación islámica.

    Los socios de Nueva Acrópolis en Córdoba nos hemos acercado a ti, Munigua, para rendirte homenaje y para soñar también tu sueño de piedra.

    Llegando desde el oriente la ciudad es una ruina del tiempo, quebradas sus murallas, sus templos y sus casas. Pero al volver, en la fachada que mira la muerte y ocaso del Sol, cada día, no hemos visto en ti, Munigua, una ruina del tiempo sino un coloso de piedra, un gigante erguido despidiéndose, con su pecho generoso y sus brazos de piedra.

    ¡SALVE MUNIGUA!

 

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Tenemos un examen el día 9 con Corzo sobre Munigua. Le estoy cojiendo askito a Munigua y a sus piedresitas...Dadle las gracias a nuestro profesor si no esto estaría mas perdío que el barco del Arroz. Nos B-MO

Enviado por: k-mOrra - 8/6/2006

SOY "MUNIGUENSE" JEJEJEJE. EN SERIO, COMO LICENCIADO EN HISTORIA ES UN PLACER ENCONTRAR ALGO DIGNO EN LA RED SOBRE EL PUEBLO DE MIS PADRES Y MIS ABUELOS. SALUDOS DEL MUNIGUENSE

Enviado por: RIKI - 13/10/2005

¡¡Excelente artículo!!

¡Ave!

Enviado por: Georgeos - 29/7/2005


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