LA
CORTE
Y viendo crecer, con la misma dedicación y nostalgia que viera crecer
Abderrahmán I la palmera
que trajo de su tierra natal, la Ciudad Flor, Medina Zahara, convirtiéndola
en sede de su complejo y eficaz aparato administrativo; y también asiento
de la realeza, y por lo tanto escenario de recepción de embajadores
llegados desde las tierras más lejanas.Mirada profunda la del poeta
Antonio Gala cuando describe a este rey, a esta corte, a esta ciudad. Mirada
de poeta.
Sabia
mirada, también, justa y precisa en su descripción , la del
sabio y místico Ibn Arabí cuando narra :
"Un
día fueron a ver al Califa los embajadores francos, y las muestras
que vieron de la grandeza de su poder les dejó espantados. Había
hecho alfombrar el camino desde la puerta de Córdoba a la de al- Zahra,
a una parasanga [aproximadamente cinco kilómetros y medio] de distancia,
y colocado hombres a derecha e izquierda del camino con las espadas, largas
y anchas, desnudas en la mano, de manera que las del lado izquierdo se juntaban
con las del derecho, formando como nervios de bóvedas, y dio orden
de que los embajadores anduvieran entre aquellas espadas, bajo su sombra,
como si fuera una galería cubierta. Sólo Dios sabe el miedo
que les entró. Llegados a la puerta de al- Zahra el suelo estaba alfombrado
con brocado, desde la puerta de la ciudad hasta el trono, de la misma impresionante
manera. Había colocado en sitios especiales chambelanes, que parecían
reyes, con vestidos de brocado y seda, sentados en sillones ornados. Cuando
veían a un chambelán, no dejaban de prosternarse ante él,
creyendo que se trataba del Califa. Pero les decían: "Alzad vuestras
cabezas: este es sólo uno de sus esclavos", hasta que llegaron
a un patio sembrado de arena, en cuyo centro estaba sentado el Califa, con
vestidos raídos y que le quedaban pequeños: todo lo que llevaba
puesto no costaría más de cuatro dirhemes. Permanecía
sentado en el suelo, con la cabeza baja, y tenía delante un Corán,
una espada y una hoguera. Dijeron a los embajadores: He aquí al sultán.
Entonces se prosternaron ante él, que levantó la cabeza hacia
ellos y, antes de que pudieran hablar, les dijo: Dios nos ha ordenado que
os invitemos a esto ( y señaló el Corán, el Libro de
Dios); y si rehusarais, a esto ( y señaló la espada); y vuestro
destino, cuando os quitemos la vida es esto( y señaló el fuego).
Ante aquello se llenaron de terror; les ordenó salir sin que hubieran
dicho ni una palabra y fijaron la paz con él en las condiciones que
quiso imponerles"