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  viernes, 03 de septiembre de 2010               Asociación Cultural Nueva Acrópolis en Córdoba                                    Actualización semanal  
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La corte de Abderraman III Al Nasir

Autor: José Carlos Fernández ©

LAS BATALLAS

     Hasta la batalla de Simancas en el 939 es el propia califa quien acaudilla las tropas. Pero el resultado incierto de esta batalla- siempre hasta aquí había sido victorioso-, la traición de que fue víctima, y el estar a punto de perder la vida- tuvo que huir y abandonar tienda y Corán a los cristianos- los entendió como un signo del destino de que era ya tiempo de asentarse, como un león, en la ciudad desde donde debía regir tantos destinos. El trabajo conjunto de las tropas de Ramiro II, de Fernán González y las de Toda, de Navarra frenó esta fuerza de expansión de las fronteras. Era ya hora de consolidar; y que desde el mediodía este rey extendiese, al decir de Ibn Hayan, su poder como un sol radiante por todas las regiones de al- Ándalus.

     Ya él, en persona, había combatido en más de veinticinco expediciones militares. Y en las últimas- desde 934- había desplegado el estandarte del Águila- "que había inventado - dice Ibn Hayan- pues ningún sultán la tuvo antes". Ya era el tiempo en que, como él siempre había vencido en el nombre de Allah, vencieran ahora sus fieles generales en su nombre. Según el pensamiento egipcio se había cumplido un ciclo de jubileo tras 28 años de guerras ininterrumpidas. Tiempo de paz, tiempo de cosecha. A partir del 940 las expediciones contra los cristianos son "episodios menores" de sus ejércitos. El ya no está al frente, pero los caminos son seguros. Y triunfa la paz que hace crecer las semillas de prosperidad.

     Y no sólo la eficacia militar, muy pronto se hizo notar también la administrativa. Los ingresos que se recibían en la capital los dividía en tres partes, relacionadas con los tres poderes que rigen en la naturaleza- y que la India dio forma en los dioses Shiva, Vishnu y Brahma- una para construir (todas las reformas del reino y de Córdoba; la construcción de Medina Zahra) otra para destruir ( presupuesto militar) y una tercera para conservar y en reserva ante imprevistos.