LAS
BATALLAS
Hasta
la batalla de Simancas en el 939 es el propia califa quien acaudilla las tropas.
Pero el resultado incierto de esta batalla- siempre hasta aquí había
sido victorioso-, la traición de que fue víctima, y el estar
a punto de perder la vida- tuvo que huir y abandonar tienda y Corán
a los cristianos- los entendió como un signo del destino de que era
ya tiempo de asentarse, como un león, en la ciudad desde donde debía
regir tantos destinos. El trabajo conjunto de las tropas de Ramiro II, de
Fernán González y las de Toda, de Navarra frenó esta
fuerza de expansión de las fronteras. Era ya hora de consolidar; y
que desde el mediodía este rey extendiese, al decir de Ibn Hayan, su
poder como un sol radiante por todas las regiones de al- Ándalus.
Ya
él, en persona, había combatido en más de veinticinco
expediciones militares. Y en las últimas- desde 934- había desplegado
el estandarte del Águila- "que había inventado - dice Ibn
Hayan- pues ningún sultán la tuvo antes". Ya era el tiempo
en que, como él siempre había vencido en el nombre de Allah,
vencieran ahora sus fieles generales en su nombre. Según el pensamiento
egipcio se había cumplido un ciclo de jubileo tras 28 años de
guerras ininterrumpidas. Tiempo de paz, tiempo de cosecha. A partir del 940
las expediciones contra los cristianos son "episodios menores" de
sus ejércitos. El ya no está al frente, pero los caminos son
seguros. Y triunfa la paz que hace crecer las semillas de prosperidad.
Y no sólo la eficacia militar, muy pronto se hizo notar también
la administrativa. Los ingresos que se recibían en la capital los dividía
en tres partes, relacionadas con los tres poderes que rigen en la naturaleza-
y que la India dio forma en los dioses Shiva, Vishnu y Brahma- una para construir
(todas las reformas del reino y de Córdoba; la construcción
de Medina Zahra) otra para destruir ( presupuesto militar) y una tercera para
conservar y en reserva ante imprevistos.