conchaSi bien es muy difícil encontrar pilares firmes que apoyen esta teoría, lo cierto es que a través del tiempo parece haber existido, bajo diferentes formas, una presencia constante de la diosa Venus en nuestra ciudad. Los cultos femeninos en Córdoba y su provincia tienen una larga tradición. Ya en época íbera, existían santuarios consagrados a divinidades femeninas, como lo atestigua el hallazgo de un santuario íbero de tipo urbano, datado en el siglo II a. C. ubicado en un lugar conocido tradicionalmente como “Cortijo de las Vírgenes”, en plena campiña cordobesa. Nos referimos al yacimiento arqueológico de Torreparedones. En este santuario (uno de los más importantes de España), se ha encontrado un epígrafe con una alusión a la “Dea Caelestis”, es decir, la Diosa del Cielo. En excavaciones posteriores, aparecieron también más de sesenta exvotos de damas, muy toscas, en piedra, algunas sentadas, que repiten elementos de otras damas sedentes.

Tomando el testigo a sus predecesores íberos, en cuanto a cultos femeninos se refiere, encontramos, ya en época romana, monedas con la efigie de la diosa Venus. Esta representación proviene de las monedas más antiguas de la ceca cordobesa. Se trata de un pequeño “quadrans de quaestor” con una cabeza de Venus (¿?) en el anverso y en el reverso una figura alada portando en su mano derecha una antorcha y en la izquierda el cuerno de la abundancia, figura que los especialistas han dado en identificar como Eros. Según algunas leyendas, el dios del Amor, fue uno de los hijos de Venus. Hesíodo cuenta que Eros era una fuerza primordial en la creación y que ya estaba presente antes de los titanes y de los dioses del Olimpo. Sin embargo mitos posteriores lo describen como un hijo sin padre de Venus. En sus representaciones, griegas y romanas, aparece como un joven viril al que llamaron Amor. También fue considerado como un dios que acompañaba a Venus en su nacimiento. Hemos creído conveniente traer a estas páginas, por la belleza que desprende, una descripción de dicha moneda: “… se enrolla el pelo por la parte delantera de la diadema en una banda que viene a parar, junto con el resto alisado hacia atrás en la parte superior de la cabeza, en un moño bajo. Detrás de la oreja penden dos rizos muy característicos. Completan el ornato unos pendientes de colgante sencillo y un collar también de plena moda helenística, compuesto por una banda de cadenas entrelazadas de la que penden numerosos colgantes alargados…”

Hacia el 716 d. C., año en que Córdoba fue la capital de la España musulmana, aparece el dinar bilingüe, moneda con la imagen de una estrella en el reverso, símbolo que algunos autores han interpretado como la representación de Hesperis, el lucero de poniente (Venus) que desde época clásica se aplicaba a las regiones occidentales, en concreto a Hispania. De nuevo aparece la imagen de Venus, esta vez simbólicamente, como presencia constante en la ciudad. Cuenta el filósofo y poeta Ibn al-Arabi, que en la emblemática ciudad cordobesa de Medinat Al-zahra, sobre la puerta –no especifica cual- mandó erigir Abderramán III la figura de Al-Zahra, favorita del califa en cuyo honor, según la leyenda, mandó construir la ciudad. Sin embargo, algunos estudiosos, ponen en duda dicha afirmación, pues aseguran que si bien puso una escultura de mujer, no la representaría a ella, sino a Venus, como deducen del Anónimo de Copenhague, manuscrito en el que viene publicado un episodio que referimos a continuación: “Yaqub Al-Mansur, hijo de Almazor, después de la batalla de Alarcos, se dirigió hacia Córdoba, alojándose en el alcázar de su hermano Abu Yahya. Luego tomó camino hacia Medinat Al-Zahra y mandó arrancar la estatua que estaba sobre su puerta tras lo cual, se levantó un viento huracanado que causó algunos desperfectos. El pueblo de Córdoba achacó los destrozos producidos por el viento al derribo de la estatua que consideraban como un talismán”. A partir de aquí existen dos versiones, una de las cuales identifica dicha estatua con Al-Zahra, y otra que la asocia directamente con Venus, que como bien es sabido, se llama en árabe Zhra. Lo que queda claro es que había en Córdoba un culto femenino profundamente arraigado, como lo demuestra el hecho de la existencia de la creencia popular de una protección divina para la ciudad, retirada después como consecuencia de la ofensa inferida.

Una de las características de la arquitectura islámica, es el uso de la concha como elemento decorativo. Por ejemplo, en la Mezquita Aljama de Córdoba, el Mihrab presenta una bóveda de concha estriada sobre la base octogonal. La concha es la imagen de la Virgen Madre: de Venus, la nacida de la espuma del mar, la belleza pura y sin mancha. La perla en ella, hija del rocío de primavera –según la leyenda- es símbolo del universo luminoso donde sólo lo más puro vive.

Actualmente existe en Córdoba una profunda y arraigada devoción hacia el arcángel San Rafael, ángel custodio de la ciudad. La palabra ángel es de origen griego y significa nuncio, embajador, emisario y en un sentido más amplio, servidor de Dios que cumple sus mandatos ante los hombres. Cornelio Agrippa, hablando de los nombres de los ángeles, relaciona a Rafael con Mercurio, guía de los caminantes y guardián de los caminos, mensajero de los dioses. Uno de los atributos de San Rafael es el ceñidor ya que, según la tradición, lo lleva en su mano cuando se le aparece a Tobías. No podemos dejar de recordar que cuando Mercurio roba a los demás dioses algunos de sus objetos emblemáticos, es el ceñidor lo que le quita a Venus. Para los sumerios Venus es la que muestra el camino a las estrellas, una especie de emisaria-conductora de los hombres hacia los dioses.

La presencia de Venus sigue manifiesta en la ciudad en el nombre de algunas cofradías, como es el caso de la imagen de Nuestra Señora de la Estrella que da nombre a la Hermandad. En sus salidas procesionales, los nazarenos lucen hábitos de color azul y blanco, colores característicos (además del rosa) de Venus.

La luna, presente en muchas de las imágenes procesionales femeninas está muy en relación con Venus. En la mitología sumeria Venus, como estrella del atardecer, es hija de la Luna, tornándose diosa del amor y del placer.

… Venus la nacida de la espuma del mar, diosa del amor y la belleza, “amante de las risas” según Homero. Venus la nacida de la espuma del mar, diosa del amor y la belleza, “amante de las risas” según Homero, la de dorados cabellos coronados de rosas y mirto, de suave piel y resplandecientes ojos… Venus estaba asociada con las palomas, aves del amor que se arrullan y con los cisnes, de inigualable belleza. También con los dulces aromas y los frutos, especialmente las manzanas doradas y las granadas de color rojo pasión…

Sean quizás los centenares de palomas que pueblan nuestra ciudad, recuerdo lejano de quien nos impulsó con su aliento. De profundas y arraigadas costumbres, como bien reflejó nuestro genial Julio Romero de Torres, pintor de la belleza, es Córdoba una ciudad que embriaga, latiendo desde el fondo de la Historia, hija que es del Amor.

Autora: Mª Carmen Morales

Bibliografía
* Artículo: SAN RAFAEL, CUSTODIO DE CÓRDOBA. Autor: Carmen Luz Barberena – Gaceta de Andalucía, Noviembre 2001.
* Artículo: ELEMENTOS DE LA ARQUITECTURA ISLÁMICA. Autor: José Carlos Fernández Romero – Gaceta de Andalucía, Mayo 2001.
· LA CORDOBA HISPANO-ROMANA Y SUS MONEDAS. Autor: Francisca Chaves Tristán.
· “LAS MUJERES IBERAS”. Jornadas Ibéricas de Castellar, por Francisca Hornos y Carmen Risquez.
· CORDOBA HISPANO-ROMANA. Autor: Alejandro Ibáñez Castro